Edwina Brown se acuerda
de la primera vez que alguien le habló de la profesión
de ebanista. “¡Casi me caí de mi silla
de tanta risa que me dio!” comentó.
Aprendió sobre la profesión de ebanista en
un taller de asesoría profesional que tomó
como parte de un programa de beneficios públicos.
Después de llenar muchos formularios, Edwina se reunió
con un asesor profesional para revisar sus resultados. Algunos
empleos no le sorprendieron – como asistente de enfermera
y asistente administrativo – pero el trabajo de ebanista
le llamó la atención.
La posibilidad de ese empleo surgió por que a Edwina
le gusta trabajar con sus manos y construir cosas. “Nunca
me imagine a mi misma trabajando en un taller con herramientas
eléctricas. Me pareció extraño al principio,
pero me empezó a gustar la idea entre más
la consideré,” ella dijo.
Edwina se inscribió en una clase de carpintería
de diez semanas en la universidad técnica local.
Recibió asistencia financiera por medio de la escuela
así es que la clase no le costó mucho. De
verdad disfrutó lo que estaba aprendiendo: planificar
el trabajo, cortar el material con la sierra mecánica,
barnizar la madera, hacer los toques finales y lijar.
Cuando terminó la clase, encontró un trabajo
como aprendiz en un taller de carpintería cerca de
su casa. Es muy cuidadosa y comete menos errores que cualquier
otra persona en el taller. “Algunos muchachos son
más fuertes o tienen más experiencia que yo,”
comentó Edwina, “pero siempre estoy pensando
en los siguientes pasos. Puedo seguir el ritmo y desempeñar
un buen trabajo. ¡Este es un gran empleo – me
ayudó a dejar de recibir beneficios públicos
y a comenzar a ahorrar para comprar una casa!”