Cuando Sara Ryan se graduó
de la escuela preparatoria, quería trabajar como
artista en anuncios y en la televisión y las revistas.
Trabajaba en oficinas para pagar su colegiatura de la universidad.
Cuando nació su hija después de un año
de su graduación de la escuela preparatoria, Sara
se dio cuenta que tenía que ganar más dinero.
La mamá de Sara le dijo sobre un programa de aprendiz
de 12 semanas. Sara se inscribió y estudió
en las noches y los sábados. Estudió sobre
diferentes tipos de trabajos, matemáticas, carpintería
y albañilería. También les daban entrenamiento
físico como parte del programa.
Parece ser que el programa no estaba relacionado con las
metas profesionales de Sara, pero en realidad sí
lo estaba. “Como artista, tienes que hacer cosas –
crear cosas – con tus propias manos,” explicó
Sara. “De esa manera aprendes cómo esta todo
conectado.”
Durante el programa, Sara se dio cuenta de unas máquinas
para darle forma a metales que estaban en la esquina del
salón de clases sin usar. Le pidió al maestro
que le enseñara a usarlas. “No sabía
nada sobre cómo trabajar con el metal,” ella
dijo. “Sólo quería prepararme para encontrar
trabajo todo el año. En cuanto toqué esas
máquinas, supe que me encantaría trabajar
con metales y máquinas.”
Después de unos meses, Sara consiguió un
nuevo trabajo cortando metal en planchas y limpiando partes.
Con la ayuda de su empleador, ahora participa en un programa
de aprendiz para ser maquinista. Está aprendiendo
a leer planos, elegir las herramientas adecuadas, cortar
metal y usar máquinas para cortar y terminar los
productos.
“En algunas compañías, las mujeres
se estancan en puestos que no tienen futuro,” comentó
Sara. “Pero yo quiero trabajar en el taller. Con entrenamiento
y una actitud positiva, voy a lograr mis sueños.”